Casi la mitad de los secundarios dice recibir contenidos sexuales mediante las nuevas tecnologías

Selfie de un adolescente con el torso desnudo para ilustrar el sexting en los secundarios Ampliar
Una encuesta piloto de un instituto que depende de la UNT y del Conicet aborda el tema del sexting entre los estudiantes tucumanos. Se trata de fotos o videos de contenido sexual, explícito o provocativo, producidos y difundidos por los mismos chicos.

Evangelina Narvaja enseña Lengua en una escuela secundaria de Tucumán, pero además realiza un doctorado en esa especialidad en el Instituto de Investigaciones sobre el Lenguaje y la Cultura (Invelec), de doble dependencia entre el Conicet y la Universidad Nacional de Tucumán (UNT).

El tema de su tesis surgió a partir de lo que vivió con sus alumnos. Tiempo atrás, una estudiante de 16 años protagonizó un striptease en el aula que fue grabado por sus compañeros. El video se difundió ampliamente, la adolescente se sintió avergonzada y abandonó la escuela. “Los chicos no volvieron a verla en la ciudad así que suponemos que se mudó”, cuenta la investigadora.

Por sexting se entiende la difusión o publicación de contenidos -fotografías, videos o textos- de tipo sexual, explícito o provocativo producidos por el propio remitente con su teléfono móvil u otro dispositivo tecnológico. La investigación de Narvaja está financiada con una beca de posgrado del Conicet, se denomina “Construcciones discursivas en torno al sexting de adolescentes tucumanos y en medios masivos de comunicación en la actualidad” y está dirigida por la doctora Gabriela Palazzo.

La práctica del sexting no es patrimonio exclusivo de los adolescentes; de hecho los adultos lideran el grado de exposición de su intimidad en encuestas internacionales. Pero los chicos pueden realizan estas publicaciones sin dimensionar del todo las posibles consecuencias. Una vez difundidos sus videos o fotos, pueden sufrir bullying por parte de sus compañeros, acoso sexual por parte de adultos (grooming), extorsión (cuando se los amenaza con publicar las fotos si no hacen determinado mandato) y hasta pueden ser víctimas de las redes de trata de personas.

La investigadora del Invelec decidió emprender su estudio mediante métodos cuantitativos y cualitativos. Realizó una encuesta piloto a 119 estudiantes, de entre 13 y 18 años, de dos instituciones privadas y una pública del Gran San Miguel de Tucumán. Además constituyó siete grupos de discusión para charlar y conocer mejor la temática.

Entre las primeras conclusiones se supo que un 45,4% de los encuestados admitió haber recibido una foto o video sexual o sugerente que le compartió un amigo, en tanto que un 29,4% dijo haber compartido ese contenido que le enviaron. El porcentaje declinó ante la pregunta acerca de si ellos habían compartido fotos o videos de su propia intimidad por medio de WhatsApp o de redes sociales. Sólo un 0,8% reconoció hacerlo por WhatsApp y un 2,5% por alguna red.

Las mujeres lideran los contenidos

Una de las conclusiones de este trabajo, que coincide con otras investigaciones similares realizadas en el mundo, es que las mujeres son las que más producen y publican fotos o videos de contenido sexual y que los varones son quienes más demandan y distribuyen esos contenidos.

De acuerdo a los grupos de discusión con quienes conversó Narvaja, los adolescentes de entre 12 y 13 años, son más proclives a enviar fotos y videos sexuales. La profesional supone que se debe a que los más grandes ya no experimentan tanto con su sexualidad y además serían más conscientes de las consecuencias. Ese dato es contrario a los estudios de otros países, que sostienen que los adolescentes más grandes son lo que más practican sexting.

A partir de su investigación, Narvaja llegó a la hipótesis de que el sexting en Tucumán constituye una práctica generacional de experimentación sexual. Sus motivaciones fluctúan entre el consentimiento dentro de una relación amorosa e íntima y el deseo de exhibirse para ganar aceptación y popularidad a dos niveles: en su grupo de pares, pero también más allá de los límites del entorno próximo.

La investigadora reflexionó que ni la sociedad ni las escuelas capacitan al adolescente para hacerse cargo de su sexualidad. Añadió que se da poca educación sexual en las escuelas, lo que podría dar más herramientas a los jóvenes para manejar este tema. A su criterio resulta fundamental que los adolescentes pongan en palabra lo que dicen con imágenes; que sean capaces de expresar sus deseos y expectativas, y que conozcan las consecuencias de exhibir su intimidad.

Comunicación de padres e hijos

Adrián Chirre, a cargo de la cátedra de Sexualidad Humana de la Facultad de Psicología de la UNT y psicólogo clínico, coincidió en que en Tucumán el sexting es una práctica común entre los chicos. Al preguntársele a cerca de las causas de este fenómeno respondió: “Se debe a una necesidad propia de la adolescencia de exhibirse, llamar la atención, ganar reputación social, sentirse igual al otro, debido a los cambios corporales que los diferencian tanto durante esa etapa”.

Consideró fundamental que los padres trabajen en ganarse la confianza y en mejorar la comunicación con sus hijos. “No se trata de prohibir, sino de hacer conocer las consecuencias que puede tener esta exposición en sus vidas”, concluyó el psicólogo.

Espacios de escucha en las escuelas

Desde el Ministerio de Educación de Tucumán señalaron que intentan trabajar sobre todo en prevención del sexting en las escuelas. Explicaron que realizan capacitaciones para docentes a través del programa de Educación Sexual Integral (ESI), que depende de la Dirección de Asistencia Técnico Pedagógica, con el objetivo de concientizar a los alumnos sobre el uso y abuso de las redes y servicios de telefonía.

Ana López, referente del programa, señaló que el año pasado se creó un manual para que los educadores puedan informar sobre métodos de alerta y prevención de sistemas de acoso. Destacó que los docentes deben generar “factores protectores en la escuela y no ponerse en el lugar de la condena social y moral, sino por el contrario generar espacios de escucha”.